S?bado, 25 de septiembre de 2010

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Cr?nica a Paulette

Por Sigifredo L?pez Herrera

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No recuerdo que en mis antepasados haya habido un crimen de lesa puerilidad. Si acaso uno de los primeros gatos que tuvimos, porque debo confesar que siento predilecci?n por los mam?feros felinos, una noche de invierno tuvo la osad?a, el tal Picasso, como as? lo bautizamos, de montar en c?lera, levantar aspavientos en el techo en un d?a fr?o de diciembre y bajar luego a su habitaci?n con las garras manchadas de sangre y los ojos a punto de estallar por los rosetones sanguinolentos que colgaban de su cara peluda y maltratada.

No le dijimos nada al d?a siguiente. Los animales como los humanos guardan secretos de la misma fuerza con que los ba?les de anta?o esconden cartas, recuerdos, sombreros, retratos y objetos de finos materiales. Ese d?a Picasso no sali? del cuarto y pensamos que la raz?n le cobijaba desde la cola a la cabeza, ?qui?n aguanta un sofoc?n de esa clase y despu?s se pone a bailar? Nadie.

Lo curioso es que la mortandad entre los felinos, ll?mense Picassos o Pavarottis, nos ha llevado de la mano para saber que lo mismo sucede entre los seres humanos cuando actuamos con esa carga de lesa humanidad. El caso de la ni?a Paulette, ?qu? belleza de ?ngel! nos debe preocupar porque quien(es) la mat?(aron) hizo lo mismo que mi gato Picasso, regres? con las garras ensangrentadas a la habitaci?n de la ni?a, la coloc? inerme sobre la cama y nadie lo interrog?. Es decir, nadie le dijo algo al siguiente d?a hasta que la descubrieron.

Ahora, luego de inhumada en el pante?n Franc?s de la ciudad de M?xico, lo que menos interesa ya es su cuerpecito. Me la imagino sonriendo con esos ojos abiertos tan expresivos y llenos de vida, plenos del poder que Dios le dio cuando a esa edad somos la ilusi?n de nuestros padres y nos convertimos en ?ngeles bajados del cielo, con todos los sonidos y colores celestiales y el trino del quetzal metido en nuestra garganta.

Yo no s? si la madre de Paulette percibiera el canto de los ?ngeles cuando vino al mundo la ni?a, o en lo primero que se fij? fue en la grave discapacidad de aquel peque?o ser que como una nube repleta de energ?a y amorosa presencia le pareci? de otro mundo. Lo cierto es que la maldad tiene sus m?scaras y los padres de la ni?a Paulette se han convertido, hasta que no se demuestre lo contrario, en sospechosos de un crimen en contra de su hija. Y lo peor de todo es que la vida no le haya dado a la bella Paulette ni la m?s m?nima forma de defenderse. ?O se la dio?

Pienso que s?. Su corta presencia sobre la tierra es por hoy ejemplo de algo que no debe repetirse en los hogares, en la familia mexicana. Nuestra sociedad vive momentos dif?ciles de confusi?n: el crimen y la corrupci?n se han convertido en una actitud social donde la inocencia y sus matices dif?cilmente tienen cabida en los hogares pudientes en pleno siglo XXI.

Se aplaude al malvado y se corona al criminal. Nadie est? a salvo ya por las calles porque no es en ellas donde se planea el delito de lesa humanidad como anta?o. La tecnolog?a mucho tiene que ver con las formas de la mec?nica del filicidio en los hogares y el vac?o de valores humanos.

Qu? bueno que entre mis antepasados, junto a mis padres que Dios los tenga en el cielo, estuvieron siempre cerca de m?, y el ?nico animal por el que sent?amos reverencia fue ese gato, nuestro Picasso peludo y de grandes ojos, mam?fero carn?voro de u?as agudas y retractiles, due?o de una gran inteligencia hasta hoy desconocida, oscura y m?gica como la muerte de la misma Paulette.

Saltillo, Coah., 25 de septiembre de 2010


Publicado por siglophe @ 23:02
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