S?bado, 02 de octubre de 2010

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(JEP)

?Por Sigifredo L?pez Herrera

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"Compareceremos ante un tribunal que juzgar? implacable nuestros actos y nuestras obras. Es imposible adelantarnos a su fallo. Cabe al menos la esperanza de que no nos condene por haber contribuido al sufrimiento humano, y acepte que tratamos dentro de nuestras posibilidades y con nuestros instrumentos de humanizar el mundo. JOSE EMILIO PACHECO, Los Pinos, 1992.

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Pocos son los escritores de finales de siglo XX que en su obra encontramos toda una po?tica humana de un estilo preciso y toda una teor?a de la cr?tica de car?cter universal. Ser escritor hoy en d?a resulta dif?cil, sobre todo si no se tienen las cualidades de disciplina y perseverancia necesarias, aunadas a una poca de suerte entre contados tiempos de sobrevivencia. Existir como escritor no tiene otro significado que el de morir cada ma?ana en los inicios de una idea, en el justo amanecer que al alba obliga a cerrar el ojo negro del cosmos para situarnos de nuevo en el camino celeste de la vida.

La entrega del Premio Nacional de Ciencias y Artes 1992 al escritor Jos? Emilio Pacheco (M?xico, D.F. 1939) el pasado 18 de diciembre de 1992 atrajo la atenci?n de propios y extra?os debido a que el galardonado no fue "uno de tantos" ?vido de renombre, popularidad y vedetismo literarios, sino realmente un escritor de vocaci?n que desde finales de la d?cada de los a?os cincuentas, se dio a conocer y a respetar por su trabajo period?stico cultural con sus dos poemarios "Los elementos de la noche" (1963) y "El reposo del fuego" (1966), junto a otras figuras de la talla de Juan Garc?a Ponce, Juan Vicente Melo, Emilio Carballido, Rosario Castellanos, Carlos Monsiv?is, Elena Poniatowska, Jorge Ibarg?engoitia, Sol Arguedas, Al? Chumacero, Jaime Garc?a Terr?s, Emmanuel Carballo, Fernando Benitez, y otros.

Leal hasta el paroxismo con su compromiso, bajo la furia de todo un vagaje de conocimientos y lecturas; cr?tico despierto y uno de los poetas mejor informados, Jos? Emilio Pacheco recibi? en Los Pinos el premio que tambi?n tuviera en sus manos el universal neolon?s Alfonso Reyes, como un digno reconocimiento a su labor cultural y a su obra de factura racional y po?tica, as? como a un estudioso e investigador de nuestras ra?ces culturales.

Cuestionar su biograf?a y sus inicios redundar?a en lo reiterativo, pues Jos? Emilio Pacheco ante todo es verbo, palabra, en un reconocimiento que apunt? a la esencia misma de un hombre que coexiste con el animal po?tico en Pacheco (M. Dur?n). Sagaz en sus opiniones, volvi? a ratificar, una vez m?s su postura de no dar cabida a las mafias culturales a quienes llam? en su discurso "ese circo" y se atrevi? a decir: "Este es un momento muy bonito del circo porque unos son trapecistas, otros equilibristas". Quiso Emilio Pacheco ser un cr?tico mordaz, leal a su formaci?n, a su alegr?a, otras veces amarga, y en el centro de su universo, que para Pacheco ser?a el ruedo de ese circo, la iron?a pero tambi?n la ternura y la fragancia de una rosa.

JEP jam?s pretendi? ganarse el premio, al menos tuvo la fortuna de no trabajar d?a y noche en ese af?n, sino hacerse del placer de fundir en una simbiosis sus m?s caros anhelos como ente hist?rico; de haber encontrado la s?ntesis de toda una verdad cambiante y pat?tica dada en el seno de una sociedad como la mexicana y, a su vez, arremeter contra los errores hist?ricos del hombre que tienen a la humanidad al borde del abismo a punto de la destrucci?n y el aniquilamiento.

Leamos a manera de ejemplo, una parte de su "Cr?nica de Indias" que es un poema: "Con objeto de propagar la fe/ y quitarlos de su vida salvaje,/ arrasamos los templos, dimos muerte/ a cuanto natural se nos puso./ Para evitarles tentaciones/ confiscamos su oro;/ para hacerlos humildes/ los marcamos a fuego y ?aherrojamos./ Dios bendiga esta empresa/ hecha en su nombre".?

Llam? historia de la infamia a lo que ocurre en Bosnia "como algo que jam?s pens?bamos que se repetir?a al final de siglo. Y es que aquellas naciones est?n siendo borradas de la memoria con la quema de sus bibliotecas y archivos", se?al? Jos? Emilio Pacheco. Dijo que el escritor debe volver de vez en cuando a sus fuentes de inspiraci?n que ya forman parte de su ser. Mencion? a Octavio Paz y a T.S. Elliot como sus razones literarias y eso tiene s?lo un significado de nobleza y gratitud, no en balde su esposa Cristina Pacheco le ha tonificado para engrandecer esa cualidad humana y de compartir la tortilla y la sal con el pueblo mexicano.

De lo que s? estamos seguros es que Jos? Emilio y Cristina jam?s han competido con nadie, su justificaci?n ante el medio ha sido su trabajo, en ?l su permanente e incansable difusi?n cultural, en ella su "Mar de historias" que constituye su vida misma y su modus vivendi cultural, en pocas palabras, su raz?n de ser frente a la actitud de mexicano de cara con los suyos. En la cultura, dijo Jos? Emilio, ni se gana ni se pierde, solamente existe el intento, el resto no es asunto nuestro.

Sencillo como en la redondez de sus poemas (?Cu?nta verdad cabe en el retrato que le hace Elena Poniatowska!), el poeta de "La sangre de Medusa" y "Viviendo distante" hizo hincapi? en sus "batallas" ganadas al hambre y a su precaria econom?a y con la ingenuidad de un hombre que se sabe inteligente, dijo: "Pensaba reunir un mill?n de pesos cuando cumpliera 40 a?os, con ese monto me dedicar?a a escribir el resto de mi vida..."

Fundador de la nueva ?poca de "La Cultura en M?xico" (1962) guiada por don Fernando Benitez, el autor de "Morir?s lejos" hizo memoria en su discurso de premiaci?n de quienes se iniciaron con ?l y de quienes recibieron tal distinci?n en el mismo acto, haciendo ver la pluralidad y la tradici?n tan arraigada dentro del marco cient?fico y cultural de M?xico. Nosotros recordamos que fue un 21 de febrero de 1962 que dio inicio el ya famoso suplemento cultural de la revista Siempre que dirigiera don Jos? Pag?s Llergo, dando origen a una inmensa presencia de voces, siendo Jos? Emilio una de ellas al lado de Carlos Fuentes, quien despu?s de publicar "La regi?n m?s transparente" escribi? lo siguiente en el n?mero seis del suplemento: "Esta es mi convicci?n: seremos grandes en la medida en que ellos (los pa?ses latinoamericanos) lo sean. No seremos nada separados".

Y as? fue. Las profec?as de este grupo de intelectuales en cierne, causaron la transformaci?n esperada tanto en la poes?a como en la novela, el cuento, el ensayo, etc. Gracias a ellos, como bien dice nuestro Emilio, nadie nos juzgar? por haber hecho sufrir a la humanidad, sino por haberla hecho feliz de pensamiento y esp?ritu.?

Saltillo, Coah., s?bado 9 de enero de 1993

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Publicado por siglophe @ 20:03
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