Lunes, 04 de octubre de 2010

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Pablo Neruda: Los deseos del poeta

Por Sigifredo L?pez Herrera

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Aqu? te amo.

En los oscuros pinos se

desenreda el viento.

Fosforece la luna sobre

las aguas errantes.

Andan los d?as iguales

persigui?ndose.

PABLO NERUDA

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Finalmente Pablo qued? en su Isla Negra. A 20 a?os de su muerte acaecida en los d?as posteriores al golpe militar en Chile que derrocara al gobierno popular leg?timo del extinto Salvador Allende, el pueblo sali? de sus casas a rendirle a su querido y amado poeta un fidel?simo saludo de homenaje, y con ello, rememorar al Chile de 1973 cuando el entonces presidente de la Junta Militar y dictador nefasto Augusto Pinochet, masacr?, encarcel? y asesin? a los hijos m?s distinguidos de las hermana rep?blica de Chile.

El gobierno del presidente Patricio Aylwin sostuvo su deuda con Neruda: exhumarlo y llevarlo de acuerdo al deseo del poeta, a su sepultura definitiva, frente al balneario de Isla Negra. Quienes recorrieron todo el camino desde Santiago hasta la comarca querida de Pablo dijeron que no iba solo, su amada Matilde Urrutia lo acompa?aba como tantas veces lo hizo en vida de ambos, por los viejos y nuevos continentes del orbe.

La televisi?n nos mostr? a un pueblo enardecido, adolorido, que no le quiso dar la palabra a su presidente ni a ninguna autoridad por civil o militar que fuera; las banderas del Partido Comunista chileno al que perteneci? el insigne poeta, decenas de ellas se izaron por entre los rostros y pu?os en alto d?ndole un significado al "reencuentro" de protesta por los cientos de desaparecidos a manos de la pasada dictadura, y por la crisis sociopol?tica de un pa?s que como Chile comienza un duro ascenso para levantar la frente solidaria.

Anunciada la reinhumaci?n a principios de esta semana que finaliza, los restos de Pablo y Matilde fueron colocados en el jard?n de la casa del poeta en medio de una muchedumbre de donde emanaban voces y gritos que al escucharlos parec?an ser una prolongaci?n estridente de las mismas v?ctimas del Cementerio General de Santiago. Desde el a?o 73 hasta la fecha, Neruda permaneci? enterrado entre decenas de tumbas an?nimas de v?ctimas masacradas por el golpe militar del 11 de septiembre de 1973.

De regreso a su a?orada comarca de Isla Negra, que es una aldea de pescadores, Pablo volvi? a estremecer los corazones de los chilenos que a?n guardaban vivos recuerdos de ?l. Una de sus m?s cercanas amigas me lo dijo: "Jam?s se ha ido Pablo entre nosotros, es como una llama en la cima de un pebetero que engrandece su nombre cada d?a m?s".

-- T? lo conociste y lo acompa?aste, habl?me un poco de ?l, ?de qu? platicaban?

"Pablo gustaba por vestir trajes caros y una gorra elegante. Una vez en Nueva York algunos peatones lo confundieron con Alfred Hitchcock y con Vladimir Nabokov, pero su nombre bastaba y sobraba, era como dec?an los norteamericanos todo un rascacielos de poes?a entre los rascacielos de una gran urbe cosmopolita.

"A cada paso del poeta --bien recuerdo-- todo aquello se convert?a en una vivencia. El barrio chino de Nueva York dej? hondo significado en ?l a su paso; en las librer?as Pablo y Matilde pasaban largos ratos hojeando y comprando libros que a su regreso llevar?an consigo. A los desconocidos les dec?a: Vengo de Chile donde ahora es invierno y las monta?as est?n cubiertas de nieve y todo es fr?o.

"As? que un d?a en medio de tanto traj?n, una reportera de nombre Rita, no recuerdo el apellido, la misma que luego entrevist? a Julio Cortazar, le pregunt? en las escaleras de un hotel: ?Qui?n ha sido su maestro e inspirador de su obra? A lo que Pablo contest? de inmediato: Un d?a al colocar el retrato de Walt Whitman en mi biblioteca de Isla Negra, el carpintero me pregunt?: ?Don Pablo, es su pap?? Yo le dije, s?, es mi pap?. La misma reportera inquiri? de nuevo: Si el escritor participara en los conflictos contempor?neos, ?no cree que lo afectar?a?en su impulso creador y?en?su misi?n de iluminar el esp?ritu del hombre? Pablo, con su rostro en calma, le dijo: No, la lucha y la poes?a iluminan el camino del hombre.

"No se me olvida, prosigue contando mi amiga, que tambi?n Carlos Fuentes lo describi? como el poeta que llena de ritmos nuestro lenguaje dinosaurico. Lo conoc??en Chile, me dijo Carlos. Con los dedos cerca de las cosas que ama, lo escuch? nombrar los vinos y las playas y los mariscos de la costa de Talcahuano. Vestido como un ser original y abatido, lo ve?an caminar de un punto a otro, vi?ndose de cuerpo entero en los espejos, platicando con los sastres en sus nidos, rodeado de j?venes homosexuales y muchachas amorosas, de j?venes se?oras pre?adas hace 30 d?as... todo, todo un walking around con colores de peluquer?a cerca de danzarines cenicientos.

"En fin, esto amigo m?o, tendr?a mucho que decirte de aquel Pablo, del autor de Veinte poemas de amor y una canci?n desesperada, que a sus 20 a?os escribiera y se lo dedicara a su esposa Matilde, marcando con esa obra un hito de sublimaci?n po?tica y de sentimientos universales. Pero en fin, ya no me preguntes m?s, que aunque estoy en todas partes, Pablo seguir? siendo como yo lo conoc?, deseoso de estar vivo, de haber nacido y compartir su palabra con el mundo y?de haberlo amado".

Saltillo, Coah., a 19 de diciembre de 1992.


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Publicado por siglophe @ 16:42
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