Martes, 05 de octubre de 2010

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Rafael Alberti, poes?a y exilio

Por Sigifredo L?pez Herrera

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No tuve la suerte de conocer personalmente al poeta de Cadiz, Rafael Alberti, de la forma como conozco a ?lvaro Mutis o bien a Jos? Agust?n. Alberti, el ?ltimo de la generaci?n espa?ola del 27. En cambio tengo la fortuna de escuchar su voz, ver su imagen y acercarme a sus libros. Desde mis d?as universitarios, bendita ?poca, me preguntaba: ?Cu?l ser? la diferencia entre el Alberti de carne y hueso y ese otro que veo en la pantalla de la televisi?n casera, demasiado irreal? Centenas de soles han pasado por el mar y ahora, a semana y media de su muerte, luego de verle siempre envuelto en esa aura de sant?n y valiente poeta, me doy cuenta que ambos Alberti son uno solo, tan reales como la Espa?a de ayer y hoy, de Franco y Felipe Gonz?lez.

No todos los d?as se muere un poeta de la jerarqu?a del creador de "Sobre los ?ngeles" (1929), pero s? todos los a?os se viven para hacer poes?a. Esto lo saben muy bien mis amigos poetas, quienes pluma en mano, elevan sus pensamientos a la musa terrenal inspiradora de sus versos. Rafael sol?a tener en sus manos algo m?s, esa amalgama de cielo y mar que luego se transform? en patria y destierro, es decir, en poes?a y exilio.

No hay como leer las "Coplas de Juan Panadero" para sentir esa poes?a que revela unidad, inteligencia, coraz?n, raz?n y pasi?n. Ya lo dijo uno de sus mejores cr?ticos, Varela: "Aberti ha hecho un camino de poes?a popular en el m?s alto sentido que en espa?ol va teniendo esta palabra, es decir, un camino para todos los elegidos que son el pueblo". Hubo un tiempo en que me qued? atrapado con Juan Panadero. Cada tarde que regresaba de la escuela me encontraba con sus coplas y me pon?a a cantar con sus versos junto a Serrat y Soledad Bravo.

Sus tercetos que por racimos iban a la guerra espa?ola, para luego brincar hasta nuestra Am?rica amada en sus viajes de exilio por Chile para charlar con su amigo Pablo Neruda. Versos que como... "uvas ten?an el sabor de la querencia y la amistad pero que en el fondo sab?an a mar y sal..."

?Tengo hambre, tengo fr?o,/ tengo una cama por losa/ y por manta el cuerpo m?o./ Ya llevan diez a?os presos/ mi coraz?n y mi sangre,/ mi libertad y mis huesos./ Quieren matarme y matarme/ y para hacerlo mil veces/ quisieran resucitarme./ ?Pero qu? me importa a m?/ la muerte cuando mi muerte/ es la vida para ti?

El adi?s de Rafael Alberti mereci? del pueblo lo que yo nunca hab?a visto entre pueblo y poeta. Las escuelas y las universidades se dieron a la tarea de sacarlo de sus aposentos; la calles de Madrid y de su propio Puerto de Santa Mar?a se transformaron en voces albertinas?de canto, lloraron y desearon el eterno descanso del poeta del exilio y de la Espa?a republicana. Las pantallas?de televisi?n espa?olas marcaron las una y mil formas de leer a Rafael Alberti despu?s de muerto, con el mar y sin ?l. Muchos ni?os con l?grimas en los ojos sintieron la ausencia del poeta amigo, del poeta?hecho hombre y ni?o. Y es que Alberti signific? para pret?ritas y futuras generaciones no s?lo el viento y el agua salada del mar, sino la esperanza de la Espa?a que hoy los espa?oles viven.

Como ning?n otro, Alberti am? a Espa?a y la quiso ver feliz desde el farol de su tierra, de luz ambarina sobre un verdemar oc?anico, recreada siempre junto a la presencia de su esposa Mar?a Teresa Le?n. Ahora, junto a sus amigos Federico Garc?a Lorca, Pablo Neruda,?Miguel Hern?ndez y el resto de la generaci?n del 27, Rafael Alberti podr? descansar en? paz y ser feliz. Ser? entonces que el mismo Garc?a Lorca habr? de terminar con ese suplicio que en vida padeci? Rafael.

"Finalmente ya est?s entre nosotros, Rafael. Ahora ya te puedo decir que mi muerte fue ?nica y m?a. Yo que viaj? a Granada casi pod?a presentir que me esperaba la muerte, mientras t? escapabas de las verdes y oscuras campi?as de esa Espa?a nuestra y amada. No fue culpa tuya, ni de nadie. Bienvenido amigo, bienvenido poeta".

Me llamo Juan Panadero,/ por la tierra y por el mar./ El pan que amaso es de harina/ que nadie puede comprar./ Que yo no vendo mi trigo./ Mi pan me lo como yo/ o lo regalo al amigo./ Pero ninguno se enga?e:/ Juan Panadero es del viento/ que muele por todas partes./ Viento que muele y camina/ por los naranjos de Espa?a/ y los naranjos de China.

Saltillo, Coah., noviembre 7 de 1999.

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Publicado por siglophe @ 22:33
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