Jueves, 25 de noviembre de 2010

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Mar?a F?liz, por ella misma

Por Sigifredo L?pez Herrera

(Compilador / II)

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Las burlas, lejos de herirnos, nos hac?an gracia, y en realidad todo nos resultaba encantador durante aquellos dos primeros a?os, aunque no faltaban problemas. Yo parec?a un im?n para los pol?ticos y cu?nto personaje cre?a f?cil comprar mi cari?o con dinero. ?Y ninguno me interesaba!

En una ocasi?n un prominente y muy conocido general, miembro del gabinete presidencial de M?xico me ofreci? en vano casas, autom?viles, pieles y dinero. Muchas personas creyeron que yo era amiga de ese caballero, lo cual era falso. Con igual falsedad, m?s tarde, se mencionar?a mi nombre junto con el del presidente Miguel Alem?n. A ese se?or lo conoc? en un banquete, cuando era secretario de Gobernaci?n. Me lo present? el productor Gregorio Castillo y no volv? a verlo m?s hasta 1959, tambi?n en un banquete. Entonces tuve el placer de conocer a su esposa, que es toda una dama, simp?tica y honorable. Tras este justificable aparte, reanudar? mi relato.

Durante aquel per?odo Agust?n monopoliz? mi cari?o. Aunque no ganar?a ning?n premio de belleza masculina, como hombre ya podr?an tenerle envidia muchos de los que me cortejaron en vano. Puedo afirmar con entera veracidad que conquist? mi cari?o con sus excepcionales cualidades: galanter?a, inteligencia, humorismo y, sobre todo, don para tratar bien a la mujer.

A?n viv?amos juntos cuando por fin logr? recobrar a mi hijo. Un d?a Quique me escribi? que su padre quer?a internarlo, contra su voluntad, en una escuela de San Luis Potos? y me rogaba que intercediera por ?l. Le? varias veces la carta mientras me trazaba mentalmente un plan. Ya era famosa y ten?a dinero e influencia. ?Hab?a llegado el momento de recuperar a mi hijo! Mostr? la carta a Agust?n y le dije:

--He decidido quit?rselo al padre. ?Me ayudas? Naturalmente contest? que s?, y planeamos que yo ir?a en mi coche?hasta Guadalajara mientras que ?l me esperaba en el suyo en Morelia que est? a medio camino entre Guadalajara y M?xico. Y as?, una ma?ana del mes de marzo salimos de M?xico el chofer y yo y llegamos a Guadalajara entrada la noche. Al d?a siguiente me present? en casa de la madre de Enrique y le rogu? que me permitiera llevar al ni?o a tomar helados. La abuela accedi? sin sospechar nada.? Luego mientras Quique tomaba su helado, le pregunt?:

--?Me quieres? Contest? que me quer?a mucho y entonces le revel? que pensaba llev?rmelo.

--Voy contigo pero que venga tambi?n abuelita, dijo.

Le indiqu? que eso, por el momento, era imposible, pero que m?s tarde la invitar?amos a visitarnos. Convencido Quique partimos de Guadalajara y llegamos a Morelia aquella misma tarde. Agust?n nos esperaba en la carretera. Subimos en su auto y el m?o continu? viaje con el chofer, por si alguien nos persegu?a. ?Hab?a recobrado a mi hijo! Al llegar a la ciudad de M?xico llam? por tel?fono a la abuela para calmar su angustia y le dije que aunque le agradec?a lo?mucho que lo quer?a, no me parec?a justo que ella tuviera siempre al ni?o, y ella convino en que yo ten?a raz?n.

Pocos d?as despu?s mi exmarido vino a discutir el porvenir de Quique. Tuvimos una larga y seria conversaci?n y poco a poco lo convenc? de que era mejor que el ni?o viviera con su madre y no con los abuelos. Aunque al principio estaba bastante enfadado, admiti? lo l?gica de mis argumentos y resolvimos el problema en forma amistosa: ?l podr?a ver a su hijo cuando quisiera y se le pregunatar?a a qu? Colegio deber?a ir Quique. Enrique pregunt? en qu? condiciones vivo yo con Agust?n y le dije que est?bamos casados. En realidad a?n no nos hab?amos casado, pero tem? que no permitiese que su hijo permaneciera a mi lado si se enteraba de la verdad.

Yo qued? encantada de haber recuperado al ni?o, arreglado el asunto con Enrique y aprendido que se debe luchar, y luchar con tes?n, por lo que uno considera recto y justo.

Quique tard? mucho en amoldarse a nuestra vida. No fue cosa f?cila. El primer d?a que asisti? al Colegio Franco-Mexicano, donde lo inscrib? por recomendaci?n de su padre, se escap?, , y cuando lo atraparon y lo llevaron a los Estudios Azteca, donde yo filmaba "La mujer de todos", lo reprend? y le orden? que regresara a la escuela.? La abuela lo hab?a malcreado con sus mimos. Cierta noche, a la hora de cenar, se le sirvi? un plato de sopa. "No me gusta esta sopa, ?qu? otra hay? pregunt?, y cuando le contest? que se hab?a hecho una sola sopa agreg?: "?Qu? clase de actriz eres? No tienes m?s que para una sopa.? Mi ahuelita me hac?a cuatro o cinco para que yo escogiera. Con paciencia y con la ayuda constante y bondadosa de Agust?n logr? corregirlo.

Lo ?nico que me preocupaba en aquella ?poca era el rumor de que Agust?n fumaba marihuana y tomaba coca?na para componer sus canciones porque seg?n la gente, as? se inspiraba. Como no le hab?a notado ning?n s?ntoma de perturbaci?n, estaba segura de que no era verdad lo que la gente afirmaba. Pero una ma?ana entr? en el ba?o a buscar una navaja y en el botiqu?n encontr? una hoja de papel doblada. Llena de zozobra la desdobl?, y al descubrir que conten?a un polvo blanco sent? que las piernas me temblaban y que el coraz?n quer?a sal?rseme por la garganta.

Ba?ada en sudor fr?o y atormentada por una caga sospecha, decid? probar un poco del polvo y me sent? a esperar la reacci?n. Como no sent? ninguna, absorb? un poco m?s, esperando, sin desearlo, ver alucinaciones. El repiqueteo del tel?fono me sac? del angustioso experimento, y despu?s de conversar con una amiga, , olvid?, quiz?s por un impulso inconsciente, aquel polvo blanco. Dos d?as despu?s Quique se cort? una mano y Agust?n lo llev? a un ba?o para curarlo. Yo los segu?, horrorizada, al ver correr la sangre de mi hijo. Agust?n tom? el papel, lo desdobl? y empolv? la herida del ni?o. ?Era sulfatiazol!

En septiembre de 1947 envi? a Quique a una academia militar de Los ?ngeles, California, porque no quer?a que se quedara solo en M?xico, pues me hab?a comprometido a ir a Espa?a, m?s tarde, a filmar una pel?cula. Y poco despu?s de eso mi vida se cruz? con la de uno de los mejores amigos que he tenido. Est?bamos filmando "R?o Escondido" en Tulpetlac, pueblo pintoresco cercano a M?xico, cuando el productor llam? al gran pintor mexicano Diego Rivera y le pidi? que hiciera un dibujo para la cinta. As? fue como tuve la oportunidad de conocer a un personaje que siempre consider? el m?s encantador, inteligente y bondadoso que ha existido.

Tan pronto como fuimos presentados sent? que entre Diego y yo hab?a nacido una amistad instant?nea. Ese mismo d?a,al regresar a la ciudad, me invit? al Hotel del Prado para ver los frescos que hab?a pintado y que tanto esc?ndalo causaron por la inclusion de la frase "Dios no existe". A m?, fuera de eso, me parecieron maravillosos. Pero m?s maravilloso me pareci? el hombre que hab?a creado aquella obra. Maestro ya consagrado, en la vida ?ntima era un especie de ni?o mentiroso y bromista, lleno de ilusiones y pronto siempre a reaccionar con la conmovedora y espont?nea ingenuidad de un chiquillo.

Poco tiempo despu?s se ofreci? para pintar mi retrato, y esto me halag?, pues no era poca cosa tener un retrato hecho por el artista m?s grande de Am?rica. Pos? durante muchas horas, mientras Diego me ense?aba infinidad de cosas, a fin de que no me aburriera y me contaba una infinidad de mentiras que s?lo ?l pod?a hilvanar. Creo con toda sinceridad que era el hombre m?s divinamente embustero del mundo. Me hablaba de sus largas entrevistas con Stalin, a quien nunca conoci?; me describ?a batallas que jam?s hab?a librado, me narraba sus aventuras entre can?bales africanos. Un d?a me pregunt? con toda seriedad:

--Mar?a, ?has comido alguna vez carne humana?

--?Qu? horror, exclam?, ni pensarlo!

--Pues debes hacerlo, respondi?, porque es deliciosa aderezada con moscas. Yo he comido filetes de mujer con frecuencia.

FIN DE ESTA SEMBLANZA

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Publicado por siglophe @ 14:37
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